Una Nueva Geografía
“La nueva geografía (la velocidad y el movimiento) refuerza los medios de masas (mercancía)... Navegar por la geografía de la sociedad contemporánea exige muy poco esfuerzo físico y, por tanto, participación.”
La velocidad ha llegado a términos ni siquiera imaginados por el hombre en el pasado, llegando al punto de convertirse en regla obligatoria en la concepción de la ciudad y en el comportamiento del hombre. Esta condición ha determinado un entendimiento de las actividades y de las relaciones como acciones pasivas del hombre, en las que el contacto cada vez es menor y la temporalidad y funcionalidad de las cosas está descrita y determinada por su condición efímera y desechable. La esterilidad de los espacios urbanos, por ejemplo, es cada vez más notoria por la fugacidad con la que se entiende la vida urbana, la vida pública; no se permite el roce entre lo humano y lo otro; lo público, lo expuesto, ha pasado a un segundo plano y el ámbito privado es ahora el ideal de la buena vida.
Como dice Capra, el mundo está hecho de correlaciones entre las cosas y no de cosas independientes: el mundo no es posible entenderlo como cosas u objetos aislados sino como un todo, cuyas partes se relacionan con ese todo y con las demás partes, es decir, que nuestro paisaje, está determinado por las relaciones que seamos capaces de entablar con lo que nos rodea. Estas relaciones entre el hombre y la naturaleza se rompen cada vez con mayor facilidad; se hacen cada vez más débiles. Prueba de esto es la masiva construcción y desmesurado crecimiento de las ciudades en todo el mundo que basan sus preocupaciones en el desarrollo de sistemas viales como forma de mejorar la movilidad, en grandes centros comerciales y empresariales y los beneficios económicos que estos pueden traer, sin pensar en las implicaciones ambientales y ecológicas que esto acarrea. Cada vez es más común la construcción de una gran avenida o de un rascacielos de oficinas que la construcción de un parque.
El espacio se agota, las ciudades están saturadas, los gastos energéticos se incrementan exponencialmente, los recursos cada vez son más pocos, la contaminación está acabando con múltiples ecosistemas, se está acabando con la biodiversidad, las demandas de productos cada vez son mayores; y mayores son también sus consecuencias si no se plantean soluciones inmediatas.
Ciudades como Shanghai, por ejemplo, han sufrido un crecimiento poblacional de aproximadamente el 30% en los últimos 15 años y los pequeños edificios han sido reemplazados por más de 4.000 rascacielos destinados a usos comerciales, financieros y turísticos. Inclusive, en Colombia, a pesar de ser un país en vía de desarrollo, principales ciudades como Bogotá y Medellín registran un crecimiento poblacional de aproximadamente el 40% en los últimos 15 años. Este crecimiento desmesurado trae implicaciones sociales, políticas y ambientales serias que deben ser revisadas de inmediato para evitar el colapso de las fuentes energéticas, de las sociedades constituidas y de la vida en general. Las migraciones, por ejemplo, representan una importante fuente de crecimiento en la ocupación de las ciudades contemporáneas. Tal es el fenómeno, que las ciudades, actualmente, están ocupadas por la población que se preveía que iban a vivir en éstas para el año 2015, es decir, que faltando 5 años para cumplirse el pronóstico, las ciudades ya han superado el número de población y éste sigue en aumento.
Las ciudades, pues, afrontan un fenómeno de crecimiento velocísimo que debe ser evaluado de inmediato pues ya se ven las consecuencias en ámbitos económicos, sociales, culturales, ambientales y urbanísticos representados, específicamente en problemas de producción y abastecimiento de alimentos, de contaminación y aumento en la polución y sus efectos de calentamiento de la tierra, de erosión de suelos, de aumento en la construcción y sus efectos ecológicos, del abastecimiento y contaminación de agua, entre otros de los muchos problemas que se vienen encima si la ciudad, y sobretodo la ciudad contemporánea en crecimiento desmesurado, no desarrolla estrategias que le permitan afrontar dichos problemas de manera eficaz y consciente.
Es esta pues esa nueva geografía, la geografía del afán (de tener, de llegar, de comer, de ganar, de sobresalir, de dominar, de menospreciar, de crecer, etc.); esa geografía que nos obliga a no detener la mirada, que nos enceguece y nos obliga a vivir ajustados a un sistema equivocado y confuso, donde los beneficios de todo tipo, son para quienes han tenido la valentía de omitir todo cuanto los rodea. Un afán que no nos permite disfrutar y que intenta cada vez más reducirnos a ser millones de un mismo tipo.