El paisaje es también un territorio del lenguaje, es un código tatuado, que puede provocar la exaltación o la melancolía. Signo de todo ello son los contrastes que forman nuestra ciudad, esas diferencias sociales que marcan territorio, marcan limites, sostienen las huellas del pasado, reconstruyen recuerdos, y proyectan miradas hacia las posibilidades de construir paisajes mas excluyentes o incluyentes.

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