La reconstrucción de un pensamiento occidental que lleva siglos forjándose es, tal vez, una tarea idílica. Pensamientos que en algún momento lograron crear o inventar funciones y artefactos para la misma humanidad, o sistemas económicos trasgiversados por la condición del poder de unos sobre otros, o de políticas para las minorías o procesos de sobre explotación para ese ente “tan ajeno al ser humano”, naturaleza, lograron, o terminó configurándose, en lo que es hoy día, una cultura del poder consumo-productiva.
Desde la ética del Logos y si visión del hombre como ser racional e inteligente, diferente del resto de los seres vivos, se abre una brecha en la naturaleza, que entre otras cosas, logró desarraigar al hombre de su base, y crear un desequilibrio en el entorno.
Una cadena de creencias culturales, aumentan luego, aún más, la inconsistencia en la vida de la naturaleza, incluyendo el hombre. La cultura hedonista y la condición de placer como fin último de la vida, la Teología y la naturaleza como ente al servicio total de hombre, el Renacimiento con un pensamiento racional un interés exclusivo en la política y economía como base del poder, una Modernidad excitada con la industrialización y la explotación máxima de la naturaleza, entre otros que no se han detallado, consiguieron crear una base cultural tan fuerte y un proceso de identidad en las personas con esos ideales, que es difícil pedir conciencia en algo que culturalmente, no serían actos “criminales”.
Ahora bien, los resultados de actuar bajo dichas condiciones culturales que han logrado conquistar algo de la sociedad oriental, están siendo experimentados por los mismos actores. El problema ahora, es que siguen existiendo tantos factores, como el consumismo excesivo, que afectan e influyen en las acciones del ser humano, que el problema actual no es únicamente ambiental, sino un problema social y de ideales culturales, un problema económico que manipulan unos pocos y con poco o nada de intereses sobre los problemas que afectan al mundo, o más bien, al propio ser humano.
Error es pensar que hay que salvar la naturaleza, la naturaleza como eso de allá, a lo lejos, tan ajeno y trivial ante el ser humano. Hace mucho, fue tiempo de pensar en un solo sistema existente, en el que todos nos beneficiamos, y no es un sistema económico, ni político, ni social, es un sistema holístico que exagera los límites de lo que podría ser naturaleza, y que cada minúscula célula, ya viva y existente, hace parte de una cadena cíclica de la cual somos parte, y no principal ni fundamental… solo parte. Pero esto es solo idilio… ya fue el ser humano lo suficientemente importante como para enfermar el sistema, ahora tiene la misma responsabilidad de aliviarla con el ego de importancia que lo acoge.
SANTIAGO URRETA CALLE
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